Ha amanecido nublado y con truenos, el buffet del desayuno nos ha dejado casi en ayunas para empezar nuestro día en que pasaremos cuatro veces la frontera entre Croacia y Bosnia-Herzegovina.
Dirección a Mostar, hemos vuelto a disfrutar de preciosas vistas del Adriático y del pueblo en la orilla del río Neretva con sus puestos de fruta. Todavía en Croacia, atravesamos Metrovick en fiestas con un curioso asador en la calle con varios cochinillos y ternascos enteros dando vueltas en el pincho de asar.
Ya en Bosnia, vamos viendo al lado de la carretera pequeños monumentos funerarios donde ha muerto alguien, a veces con fotos.
En Mostar andamos desde el aparcamiento sin saber dónde está la parte antigua, enseguida vemos una mezquita con un cementerio con muertos de la guerra justo al lado. Al poco, una iglesia católica con su cementerio contiguo. Por estrechas calles llenas de puestos de recuerdos, nos acercamos al puente antiguo, ya totalmente reconstruido, sobre el río Meretva que por aquí es más sinuoso.
Hay edificios destruidos por bombas, otros con impactos de balas, y otros totalmente reconstruidos. Nos sorprende el ambiente, aunque hay muchos turistas, como dice Juanma es un turismo silencioso (dentro de lo que cabe, claro). En 2 sitios vemos una piedra con la inscripción “don’t forget” (no olvidemos).
Impactados por la visita vamos hacia Ocitelj, bonito pueblo fortificado donde también hay edificios destruidos y reconstruidos. Allí comemos eligiendo a ciegas 4 platos de la carta en bosnio, y la cosa no sale mal. Después, visitando el pueblo, nos descalzamos para entrar en la mezquita, y yo me tengo que cubrir con un pañuelo.
Seguimos camino, pasando a ver la muralla de Ston, y hemos llegado a Dubrovnik, donde nuestro casero, muy simpático, nos acompaña a nuestro apartamento, en la zona de chalets de las afueras de Dubrovnik. Las chicas alucinamos con la cuesta de subida al chalet, estrecha, larga y empinadísima!
Nuestro casero nos ofrece un barco gratis para que vayamos nosotros 4 solos a la isla de enfrente, que hay unas grutas muy chulas, y se sorprende cuando le decimos que no conducimos barcos. Nos acostamos pronto porque mañana queremos madrugar para ir a la parte antigua.
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