Hoy hemos decidido dejar Zagreb para la próxima vez que vengamos a Croacia y quedarnos a disfrutar el día en una de estas bonitas playas croatas.
Hemos pasado la mañana del cumpleaños de Juanma en Primosten, los chicos han echado un pinpon y las chicas hemos estado a la sombra en la playa. Esto porque la playa es un pinar en una bahía y la verdad es que se estaba genial de temperatura, a pesar de los casi 40º que llevamos por aquí.
Hemos elegido Primosten porque es un pueblecito medieval lleno de encanto, así que antes del calor le hemos dado un paseíto. No hemos sabido contar cuántas calas tiene, pero varias, y cada una con sus barquitos. Nos toca esperar hora y media para la comida, al final nos explican que el cocinero se rompió el día anterior un dedo (no sabemos si de la mano o del pie) y va mucho más lento. Menos mal que somos los únicos que esperamos para comer, el resto sólo bebiendo, estamos frescos y el sitio está bien.
Después de comer, rumbo a nuestro siguiente destino, más de 2 horas de viaje y hotel difícil de encontrar en medio de ninguna parte. Lo encontramos a la primera, gracias a Tomtom. Por el camino, estamos al lado de Bosnia y vamos viendo restos de la guerra, algún cementerio con pinta de nuevo, iglesias nuevas y las antiguas bombardeadas o tiroteadas y abandonadas, y muchas, muchas casas a medio construir. Paisaje de interior, de campiña que recuerda otras zonas centroeuropeas.
Cuando nos acercamos al parque nacional, aumenta la frondosidad, y se ve que aquí todo el mundo tiene habitaciones para alquilar. Son casas, casi ni pueblos, en torno a la carretera. La casa en principio nos decepciona, 2 habitaciones separadas con puerta en medio y el baño en el pasillo, no sabemos si compartido o no; pero se compensa porque los propietarios son encantadores, nos dan mucha conversación, y nos invitan a probar su orujo típico de aquí antes de ir a dormir. Para cenar, en un restaurante cerca de la casa, de unos primos de nuestros caseros, que está a rebosar, y esperamos otra vez más de hora y media. No hablan apenas inglés algo de italiano, y yo les leo a los chicos el Marca croata, con traducción bastante libre. Nos hemos reído un rato para hacer la espera más llevadera.
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