La mañana era gélida, había muy poca nieve y mucho viento, y los cañones funcionaban sin descanso. El cielo era azul intenso e invitaba a caminar, sin amenaza de aludes por la falta de nieve. Subimos casi paralelos al telesilla Sallent. Charlando, descansando, haciendo maniobras por el hielo...
A la bajada, el esfuerzo se vió recompensado con la exquisita paella que Lola había hecho a las 5 de la mañana!
Gracias y un beso, Lola!!
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